Los peritos habían concluido su trabajo y otros esperaban en la morgue para poder realizar el suyo, mientras la familia de la víctima esperaba su turno para poder dar el último adiós a su ser querido recién fallecido en unas circunstancias más propias de una terrible pesadilla. Un pesado sueño que se les venía encima como un muro de piedra que cae de la nada, una sinrazón de difícil comprensión. Accedían a nuestros ritos y trabajos porque esperaban que fuéramos capaces de encontrar a los culpables, pues el sentido de propiedad alcanza hasta los propios seres humanos y aquella fallecida era suya. Aquella víctima a la que nosotros buscábamos explicación racional para encontrar respuestas a las preguntas que teníamos la obligación de realizar. Esa labor nuestra de buscar sentido al sinsentido era el extraño plano del que costaba regresar. Acostumbrados a una ciencia inhumana, resultaba doloroso afrontar los rostros de los familiares para explicar de forma pedagógica nuestro pro...
Diario de un policía es una novela trepidante de acción en el marco de la ciudad de Madrid, una capital cosmopolita, cuyas sombras ocultan verdades incómodas de descubrir.